El Conde: Pablo Larraín reimagina al dictador Pinochet como un vampiro centenario

En un atrevido y oscuro tono cómico, el director chileno Pablo Larraín presentó en el Festival de Venecia su última película, “El Conde”, en la que reimagina al dictador chileno Augusto Pinochet como un vampiro de 250 años que vive recluido. Esta producción de Netflix es un comentario mordaz sobre la perdurable influencia de Pinochet y la falta de justicia por sus crímenes.

En El Conde, el legendario actor chileno Jaime Vadell (de 87 años) interpreta a Pinochet, quien, en realidad, murió pacíficamente en 2006 a la edad de 91 años. La película de Larraín imagina al dictador fingiendo su propia muerte y retirándose a una decadente mansión de la Patagonia. Sus hijos, movidos por la codicia y el deseo de localizar sus riquezas mal habidas, se reúnen a su alrededor, creando una extraña dinámica familiar que recuerda a Succession mezclada con elementos de terror clásico.

La nueva propuesta de Larraín se aleja de sus trabajos anteriores, como “Jackie” y “Spencer”, centrados en mujeres emblemáticas del siglo XX. El Conde sitúa directamente a Pinochet en el medio de la narración, un personaje raramente explorado en obras de ficción. El director ve en ello una oportunidad para enfrentarse al oscuro legado del régimen de Pinochet y a las divisiones que siguen existiendo en la sociedad chilena. “Nunca ha sido objeto de ficción. Así que fue una decisión difícil poner una cámara delante de él y mirarle realmente a los ojos”, expresó el cineasta a Hollywood Reporter.

Tráiler de El Conde

Uno de los temas centrales de El Conde es la falta de justicia por los crímenes de Pinochet. Mientras que otros países, como Argentina, han celebrado juicios para sus dictadores, el militar chileno consiguió escapar a la rendición de cuentas en vida. Larraín argumenta que esta impunidad ha mantenido viva su influencia en Chile, contribuyendo a las continuas divisiones de la nación. El cineasta dijo: “Pinochet murió en completa libertad y con la más vil y absurda impunidad. Y esa impunidad lo hizo eterno, en cierto modo, todavía nos sentimos rotos por su figura, porque no está realmente muerto en nuestra cultura”.

“En Argentina, por ejemplo [Santiago Mitre hizo una película preciosa sobre esto el año pasado: ‘Argentina, 1985’], cogieron a esos criminales y los metieron en la cárcel. Eso de alguna manera creó un pacto nacional de que eso no debía volver a ocurrir. Nosotros nunca tuvimos eso en Chile, por lo que su figura permaneció muy vívida y viva. Entonces, esa idea nos llevó a la figura del vampiro y esa sátira era la única forma de abordarlo”.

La impactante fotografía en blanco y negro de Ed Lachman contribuye a su inquietante atmósfera. El director chileno colaboró con Lachman para crear un estilo visual estéticamente cautivador y emocionalmente resonante. La elección del blanco y negro realza el carácter de fábula de la película y hace referencia al género vampírico, al tiempo que mantiene su comentario político. La obra de Stanley Kubrick, “Dr. Strangelove” (1964), fue la gran influencia para el director: “Esa película fue una referencia muy relevante para mí, es una obra maestra tan elocuente”.

El Conde llega en un momento en que las ideologías políticas asociadas con el autoritarismo y el fascismo están resurgiendo en todo el mundo. El director sugiere que la exploración que hace la película de Pinochet como vampiro sirve como metáfora de la perdurable influencia de tales figuras en la política contemporánea.

Pablo Larraín presenta una sátira audaz y sugerente, recientemente galardonada como el Mejor Guion del Festival de Venecia, que reimagina la historia de Chile a través de una lente única. Con sus impactantes efectos visuales y sus mordaces comentarios, El Conde dejará una profunda huella en el público de todo el mundo. La película se estrenará en Netflix a nivel mundial este viernes 15 de septiembre, ofreciendo una nueva perspectiva sobre una figura histórica perdurable.