Prometeo Americano: el mito griego y su vínculo con Robert Oppenheimer

“Prometeo robó el fuego a los Dioses y se lo dio al hombre. Por ello, fue encadenado a una roca y torturado por la eternidad”. Con esta frase Christopher Nolan abrió su nueva película, basada en la vida del “Prometeo Americano”, J. Robert Oppenheimer.

La historia de Prometeo destaca entre la basta mitología griega que ha perdurado durante siglos. Este antiguo relato ha cautivado a generaciones enteras y ha dejado una profunda huella en la cultura y la historia de la humanidad. A lo largo de este artículo, exploraremos el significado y la representación detrás de esta mítica figura, cuyo acto de rebelión otorgó la chispa de la civilización, nos recordó el ineludible precio de desafiar a los dioses y cómo se relaciona con la nueva película de Christopher Nolan, Oppenheimer.

Prometeo fue un Titán benevolente conocido por su inteligencia y amor por la humanidad. Zeus, dios olímpico supremo, no quería que los humanos tuvieran el fuego divino, ya que este era símbolo del conocimiento y la civilización, además de ser un elemento exclusivo para los dioses. El fuego brindaría a los mortales la capacidad de progreso, pero también representaba un desafío directo al poder de los dioses.

El Titán, en contra de las órdenes de Zeus, decidió robar el fuego sagrado del Monte Olimpo para entregarlo a los humanos. Este acto de heroísmo, impulsado por su indeleble deseo de mejorar las condiciones de los seres humanos, llegó con un castigo desgarrador. Toda la ira del dios supremo reposó sobre Prometeo: fue llevado a las montañas del Cáucaso y encadenado a una roca, donde un águila se alimentaba de su hígado, pero al ser inmortal, este se regeneraba, convirtiéndose en una tortura sin fin.

Hoy por hoy, la figura de Prometeo sigue siendo relevante. Representa el dilema ético de la innovación y el poder, instándonos a considerar las implicaciones de nuestros avances tecnológicos y científicos. J. Robert Oppenheimer, responsable del desarrollo de la bomba atómica durante la Segunda Guerra Mundial y protagonista de la nueva obra de Nolan, refleja perfectamente las disyuntivas que propone el mito: el poder del conocimiento y la responsabilidad inherente a la innovación. Oppenheimer lideró el Proyecto Manhattan en un esfuerzo colosal que condujo al desarrollo de la primera bomba de este tipo.

El científico y su equipo se enfrentaron a un reto sin igual, impulsados por la amenaza que suponía la Alemania Nazi liderada por Adolf Hitler y el deseo de contribuir a la victoria durante la guerra. Sin embargo, al igual que Prometeo, Robert debió enfrentarse al dilema moral que acompañaba la búsqueda de conocimiento y poder. Una vez desatada la fuerza devastadora de la bomba en Hiroshima y Nagasaki, el curso de la historia cambió y dejó una profunda huella en la conciencia humana.

“Ahora me he convertido en la Muerte, el destructor de mundos”, esta mítica frase, del Bhagavad Gita, una narración hindú de 700 versos escrita en sánscrito, fue lo que resonó en la atribulada mente del científico mientras veía la enorme bola de fuego causada por la prueba Trinity el 16 de julio de 1945, el día que pudo marcar el fin para la humanidad (tema de la película). Estas palabras canalizaron la agobiante angustia moral de un hombre cuyas habilidades excepcionales llevaron tanto a la promesa del progreso como a la amenaza de la destrucción.